21 junio, 2013

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Reseña de la escritora Francis Molehorn sobre la novela Penetraciones


Extenso, detallado y generoso artículo de la escritora Francis Molehorn sobre la novela Penetraciones, en el que explica con perfecta solvencia literaria los numerosos motivos por lo que ha de leerse este libro de José Martín Molina. En dicho artículo resalta el carácter exquisitamente poético, la filosofía que se oculta en la obra bajo un disfraz de cinismo, la acertada heterogeneidad de los capítulos y la precisión sin eufemismos ni rodeos de los episodios sexuales que se desarrollan en la novela. Establece, además, un paralelismo entre algunos textos erótico/hedonistas de Milan Kundera y varios pasajes de Penetraciones.

“Los templos están ahí para profanarlos”
José Martín Molina

El riesgo que se corre al intentar comentar una novela como Penetraciones, de José Martín Molina, es el de caer en el lirismo y en las interpretaciones pretenciosas. La obra está llena de filosofía escondida detrás de un disfraz de cinismo, de exquisita poesía a veces camuflada en retórica provocadora de chico malcriado y de humor inteligente a la vista de todo el mundo. La comparación es poco feliz por fondo y forma, pero en su estructura sicológica me trajo a la memoria algunas de aquellas admirables fanfarronadas erótico/hedonistas de Milan Kundera en las que el sentido y el propósito no tienen ningún significado y de lo que se trata simplemente es de salir de caza, follar, traicionar y, a fin de cuentas, terminar sufriendo. Pero mientras en el caso de Kundera suele tratarse de viajes a través de la filosofía nihilista, destructora y auto flagelante, lo de Penetraciones es un “road movie” a lo largo de genitales que, por cierto, en todos los casos van acompañados de cerebros que el autor describe con maestría y con gracia y que constituyen fuentes de desazón a la par que de placer. O eso parece. Adentrándose en la obra se va pelando una cebolla que nos lleva a profundidades cuyo comienzo no permitía prever.

La prosa de José Martín Molina no toma prisioneros. No hay eufemismos ni rodeos y lo que hay que decir se dice, tan gráfica como inspiradamente. Y así como, por una parte, nos vemos expuestos al gozo del placer sexual descrito con prolijidad quirúrgica y sin escatimar detalles, por otra nos encontramos con reflexiones como ésta:

“Pelando otra patata, esta vez de aspecto grisáceo como un cielo encapotado, mi memoria extrae versos gastronómicos de Irigoyen. Esto me conduce a incluir en éste marasmo de palabras un poema de mi amado Irigoyen, de quien podría decir, sin ánimo vanidoso, que me ha robado unos cuantos versos antes de que yo naciese. Añado, además, que Irigoyen es de esos crujientes poetas que muerden la vida en sus poemas. Muy al contrario de una gran mayoría de poetastros, que recitan acerca de la pura nada, la vaciedad de una adolescencia impotente y melancólica y tetrapléjica, un estancar el tiempo en una cloaca inolora, atemporal y muerta. Poetillas que sollozan pusilánimes ante su incapacidad de agarrar la vida, modelarla y vivirla. Ni tienen rabia, ni sensualidad, ni ternura, ni hogar donde arrojar sus tristísimos versos a la chimenea para que ardan satisfactoriamente.”

Podría citar decenas de pasajes similares que, aunque distintos en su discurso, comparten una gran calidad literaria y desmienten los frecuentes esfuerzos del autor por mostrarse como un follador compulsivo superficial. No es así. El personaje central de Penetraciones es un follador compulsivo profundo, (cosa que el autor reconoce en alguna parte, pero no necesariamente para que le crean) y es una suerte que se tome el tiempo con frecuencia para regalarnos ese tipo de pensamientos antes de volver a pisar el acelerador de su desenfrenada aventura de sentidos. Y no es de extrañarse; José Martín Molina es un poeta y Penetraciones es una obra poética embadurnada por una realidad cruda y a veces escatológica que la hace relucir todavía más. Los capítulos de poesía desnuda podrían constituir un tomo paralelo pero se incluyen como una prolongación de la acción y como una confesión de la verdadera sensibilidad del autor, por si hubiera quedado alguna duda. Ahora bien, el que piense que todo lo que José Martín Molina escribe más allá de la poesía y de la caza mayor es alta filosofía, también se equivoca medio a medio. Hay mucha digresión más trivial también -confesado por el autor- que tiene su interés particular y anecdótico y, si no lo tiene, tampoco estropea de deglución del resto de la obra.

Cuesta determinar cuánto de autobiográfico hay realmente en sus escritos, y no me refiero específicamente a las experiencias relatadas sino a lo que está más adentro de la anécdota. A veces pienso que ni el autor mismo lo sabe y, en el fondo, da exactamente igual. Me da la impresión que, curiosamente, lo que más refleja la realidad del creador es la poesía, mientras que los capítulos que relatan hechos concretos y personas con nombres, genitales y misoginia son fruto de la imaginación. ¿Quién sabe? Pero insisto en que da igual. Aunque puestos en la necesidad de elegir entre el sátiro gazapón y deslenguado, el sutil redactor de sus glorias y martirios o simplemente el poeta, yo me quedo con… José Martín Molina.

Penetraciones es un libro heterogéneo y sería un error que no lo fuera; es un espejo arbitrario de estados de ánimo; es caleidoscopio, collage, cambalache discepoliano, pesadilla etílica y sueño húmedo todo a la vez. Te coge por los pelos y te zarandea por los sitios más disímiles y, lo quieras o no, estás obligada u obligado a entrar en el torbellino en sus términos porque algo te dice que vale la pena, y no te decepciona. Es una obra que hay que leer por muchas razones: para sorprenderse, para divertirse, para escandalizarse, para morirse de la risa, para reflexionar y para dejarse conmover por su poesía. Es una obra que no dejará a nadie frío y, por favor, no tratemos de buscar metáforas fáciles ni juegos de palabras para esta última afirmación. José Martín Molina concluye uno de sus capítulos diciendo: “Escribir es como jugar a los dados con tu vanidad. A veces ganas, a veces pierdes.” Esta vez, con Penetraciones, ha ganado de forma convincente.

Francis Molehorn, escritora.